Duncan
Thausam
Pecados I
El
sol acaba de salir hacía poco por el este, y la ciudad de
Ventormenta comenzaba a despertar ahora. Aún había algunos que
despertaron antes del alba para llevar acabo sus tareas, Duncan era
uno de esos, y se encontraba ahora en pie frente a la Catedral. Con
un suspiro, comprobó que llevaba bien abrochada la chaqueta, que
estaba alisada y que sus pantalones no tenían algún agujero
traicionero. Sonrió al ver que todo estaba en orden, se peinó un
poco la melena con ambas manos y se encaminó, subiendo por la
escalinata que llevaba al interior del recinto sagrado.
Dejó
su arma a la entrada y caminó por la inmensa estancia, donde la luz
que entraba por la vidrieras hacía parecer a aquel lugar realmente
un sitio sagrado. El silencio inundaba todo, apenas había gente tan
temprano salvo los sacerdotes y paladines habituales, y sus pasos al
entrar resonaron por la estancia.